jueves, 5 de mayo de 2016

EL JARDÍN DEL PRÍNCIPE DE ARANJUEZ

Buen día!!!
Hoy vuelvo a los Jardines de Aranjuez, ¿imagináis a cual? 
Pues si, después de visitar el Jardín del Parterre, el Jardín del Rey y el Jardín de la Isla, hemos llegado al Jardín del Príncipe. 


Este jardín fue creado por Carlos IV, que lo inició cuando aún era Príncipe de Asturias, en 1772.

Es un jardín paisajista que sigue la moda inglesa de fines del siglo XVIII que se debe al jardinero Pablo Boutelou (a quien se le atribuye también el primer diseño del Capricho de la Alameda de Osuna), que organizó una serie de jardines paisajistas entre los espacios que había entre el río y otros elementos ya existentes. 

Los primeros jardines se llevaron a cabo entre 1775 y 1784, aunque en la actualidad difieren mucho de su aspecto original a causa de las numerosas modificaciones de las que han sido objeto.   


Accedimos al Jardín por la puerta que está frente al Museo de Falúas y cerca del Embarcadero. Este está junto a una glorieta formada por cinco pabellones que, cuando fuimos en marzo estaban en obras, así que no los pudimos ver bien de cerca...


El pabellón más grande, o pabellón real, fue construído por Bonavía en 1754, mientras que los demás se hicieron durante el reinado de Carlos III para que los príncipes de Asturias, Carlos y Maria Luisa, los utilizasen como casino de recreo.


Ya al inicio del paseo por este Jardín se encuentran dos estructuras típicas de los jardines paisajistas, el Castillo (del cual no tengo foto), que serviría como mirador sobre el río, el jardín y el soto, y el Fortín, junto al Embarcadero, que albergaba una batería de cañoncitos con la que se lanzaban salvas a las embarcaciones donde los reyes surcaban el Tajo. 


Frente al Castillo está el Museo de Falúas, construído en 1963, donde se exponen las embarcaciones que servían a los reyes para navegar por el Tajo. 



Como os comentaba, el Jardín es, en realidad, un compuesto de diferentes jardines trazados sobre antiguas huertas de frutales, donde se mezcla lo formal con lo natural. 

En nuestro paseo continuamos por la calle del Embarcadero, que separa el llamado segundo jardín, antigua Huerta de la Primavera y el Jardín del Español. 




En un rincón del segundo jardín se encuentra el Cenador de Rusiñol, llamado así por la serie de cuadros que dedicó a esta estructura de cipreses el pintor. 

La estructura original fue sustituida por la que vemos hoy en 1995, durante una restauración llevada a cabo por Patrimonio Nacional. Parece ser que los cipreses que lo componían estaban muy enfermos, por lo que se tomó la decisión de quitarlos y empezar de cero.  



El Jardín del Español, al otro lado de la calle del Embarcadero, está presidido por la estatua del Fauno.



Atravesando la antigua Huerta de la Primavera se llega a la Fuente de Narciso, construida en tiempos de Carlos IV, pero como fue dañada durante la ocupación francesa tuvo que ser rehecha en 1827 por Joaquín Dumandre, que se inspiró en la fuente de los sátiros que adornaba el parterre principal de Villa Albani, en Roma. 


Como veis, llegamos justo cuando los surtidores estaban funcionando, así que pudimos ver el juego de la luz con el agua formando arcoiris. 


Siguiendo el eje de este jardín se llega  a una plaza oval donde, antes de 1804, se instaló la Fuente de Ceres, también destruída y rehecha en 1828. Ahora solo queda el pilón, ya que los grupos escultóricos se trasladaron al Parterre a principios del siglo XX.


Avanzando por los paseos que recorren el jardín se llega a la Fuente de las Cabezas o del Cisne. Este elemento, realizado durante el reinado de Carlos IV y restaurado por orden de Fernando VII, representa a dos tritones sujetando a un cisne que lanza un chorro de agua. 


A lo largo del borde de la pila se encuentran ocho cabezas que escupen agua hacia el centro de la fuente.  


Más adelante se encuentra la Fuente de Apolo, que preside la calle con el mismo nombre. 
Esta fuente es la única de carácter arquitectónico entre las que adornan el Jardín del Príncipe, ya que las demás son y eran meramente escultóricas. 
En 1789-1780, cuando se trajo la escultura La Granja, se pensaba colocar en el peñasco del manantial del estanque chinesco, pero poco después se eligió el emplazamiento actual.


Durante el reinado de Carlos III aquí acababa el Jardín del Príncipe, estaba limitado por un foso o hâ-hâ que fue sustituido en época de Carlos IV por la calle actual. 

Las obras del Jardín al otro lado de esta calle no se emprendieron hasta 1785. Aquí, Boutelou pudo trabajar ya a gran escala, sin limitaciones de espacio y función que le obligasen a hacer pequeñeces. 

Aunque no esta claro si la ordenación paisajística se debe a Boutelou o Villanueva está claro que los elementos arquitectónicos que en él se encuentran si son obra del último. 


Uno de los elementos más famosos y destacados de esta parte del jardín es el Estanque de los Chinescos, formado por diversos elementos típicamente paisajistas. 

El cenador chinesco, construido por Villanueva, desapareció durante la invasión francesa, el actual data del reinado de Fernando VII y es obra de Isidro González Velázquez, discípulo de Villanueva, que conservó la planta del original pero varió mucho el alzado. Hace unos años se volvió a pintar en los colores originales, tal como aparece en un cuadro de Brambilla.

Por otro lado, el templete monóptero de orden jónico (al fondo en la foto), si es el original creado por Villanueva, que se tuvo que acomodar a las diez columnas de mármol verde de Italia, que se llevaron de La Granja, donde las había hecho llevar Felipe V. 


En el estanque hay otros elementos como el obelisco, situado sobre una piedra elegida con la intención de asemejarse al granito oriental avellana, según los diseños de Villanueva. 


Al igual que el Estanque de los Chinescos, en el sexto jardín se encuentra la "montaña rusa", coronada con un templete de madera, similar al del chinesco, pero mucho más sencillo, que es obra de Isidro Velázquez, y que creó la estructura durante el reinado de Fernando VII. 


Tras atravesar el séptimo jardín, dispuesto en senderos tortuosos, colinas y riachuelos artificiales y con una inmensa riqueza de especies, llegamos al octavo jardín, donde se encuentra la Casa del Labrador. 


La Casa del Labrador se construyó entre 1794 y 1803, en varias fases diferenciadas.
La primera fue llevada a cabo por Villanueva, que levantó un edificio de planta rectangular, sin decoración exterior y con el aparejo de ladrillo y cajas de mampostería vista. 
La segunda fase supuso la construcción de dos alas que dieron lugar a la formación de un patio de honor con dos pórticos de arcos rebajados con terrazas sobre ellos. 
Una tercera fase supuso la remodelación de todo el exterior con ricas decoraciones en escayola aplicada sobre el ladrillo y la mampostería. 



A lo largo de todo el paseo disfrutamos (y alucinamos) con los inmensos árboles, entre ellos numerosas especies exóticas traídas de las expediciones científicas de los siglos XVIII y XIX, como las procedentes de Estados Unidos, ciprés de los pantanos (en la foto), tulípero de Virginia, caqui... 




No os perdáis el principio de esta visita con El Jardín del ParterreEl Jardín del Rey y El Jardín de la Isla

Los Jardines están abiertos todo el año, y su horario varía según la época del año:
1 enero - 28 febrero. 8:00 - 18:30
1 marzo - 15 marzo. 8:00 - 19:00
16 marzo - último fin de semana de marzo. 8:00 - 19:30
Último fin de semana de marzo - 15 junio. 8:00 - 20:30 
16 junio - 15 agosto. 8:00 - 21:30
16 agosto - 30 septiembre. 8:00 - 20:30
1 octubre - último fin de semana de octubre. 8:00 - 19:30
Último fin de semana de octubre - 31 diciembre. 8:00- 18:30

La entrada a los Jardines es gratuita.

Fuentes: Jose Luis Sancho. Guía Real Sitio de AranjuezPatrimonio Nacional 

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